Me acuerdo a vecesdel sabor exacto de ese tomate duro,
de mi tata con sus manos surcadas,
de un plátano con mermelada
en una tarde rojiza de otoño.
Pero ni el recuerdo más dulce
supera tu momento,
es entonces cuando cierro los ojos,
y disfruto nerviosa de tu lengua caliente,
casi toco tu pelo...
Lo mismo que aquel día...
Después,
un pequeño segundo después,
descubro lo imposible de tus besos.




