Ayer, en mi cabeza, bajé del tren con mis maletas, detuve el corazón por un segundo y respiré ese aire cálido y húmedo, casi insoportable en el verano. Saqué mi móvil del bolsillo, un cigarro y el mechero. Me paré a mirar a los que habían viajado conmigo, como les recogían los amigos, familiares y demás.
Marqué tu número, ese número que aunque borrará cien mil veces, cien mil veces se rescribiría en mi cabeza. Al otro lado la espera interminable y por fin tu voz profunda, la que deseé que me acariciara cada noche cuando era una niña, y más tarde también.
Me senté en un banco a esperarte, los nervios me comían, no sabía si vendrías o no, pero te esperé, ¨¿que otra cosa podía hacer? Algunos minutos y de pronto apareces, tu delgada figura que se me hace extraña avanza hacia mí, sonrío, no puedo evitarlo. Tus labios en los míos y contengo la respiración sin querer, me puedo ahogar en este instante…