miércoles, 21 de enero de 2009

Relato solidario

Por fín puedo hacerle frente al reto que Javier Ribas nos propuso en su blog hará unos meses. Pasaros por allí y animaros a escribir. Dejo mi relato, ya me contareis...


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Al principio, cuando se casaron y empezaron su vida juntos,
haría ya unos 35 años, dormían en una gran cama, compartían sabanas, almohada y besos, pero había sitio suficiente como para no pasar calor en verano.


Esa noche él se tumbó en su cama, en su pequeña cama, con su pequeña almohada, separada por una inmensidad negra y profunda, por un abismo, de la de su mujer. Pensó en el día que la conoció y lo muchísimo que le gustó su largo pelo rizado, su cara preciosa y su olor a flores y fruta, distinto en cada zona de su cuerpo. Recordó su sonrisa, las veces que él le hacía reir y acababan llorando y con dolor de barriga porque no podían parar. Recordó también el día que se casaron y lo guapa que estaba ella, y que él nunca tuvo dudas de que la quería. Ella siempre le dijo que desde el primer beso, desde ese primer roce suave y húmedo de sus labios, había sabido que tenían que ser uno. En su mente vio a sus hijos, las tardes largas de domingo viendo películas, las noches frías de invierno calentándose los pies, las calurosas de verano frente al ventilador.

En algún momento eso se había roto, el abismo entre las dos camas sólo era el que había entre ellos dos, no entre sus cuerpos, entre sus almas. Había prometido quererla para siempre y en ese momento no recordaba por qué habían decidido dormir separados, por qué ya no se besaban, no hacían el amor.

Ella dormía mirando hacia la ventana como siempre, la persiana subida para que entrara la luz de la luna y para poder ver la noche, y siempre que podía y no hacía frío con esa ventana abierta para poder apreciar ese olor especial de lo oscuro, a hierba mojada, a verano. Él la miró, su cuerpo ya no era escultural, no tenía una forma bonita, pero le invadió una inmensa oleada de cariño. Se arrancó las sabanas y se levantó. Cruzó la negra inmensidad que los separaba, destapó la espalda de su mujer y se metió en la cama. Ella no se sobresaltó, él la abrazó como tantas veces, olió su pelo y la mora en su cuello, le dio un beso en la mejilla, y así descubrió su llanto. Los dos lloraron juntos esa noche apretándose mucho, como antes.

6 comentarios:

aLba dijo...

sentimientos a flor de piel ... :)

Nayuribe dijo...

Que bello relato... sumamente tierno!!

Antonio dijo...

uff... Llevo un rato viajando por los blogs y esta entrada me ha encantado.

Esa senbilidad para escribir y sobretodo algunas frases me han conquistado :)

"...su olor a flores y fruta"

Tu blog va a mis favoritos de cabeza :)

Me encanta el tema... El último post que he escrito en mi blog tambien hay un anciano :)

Gracias! y Enhorabuena por esa muñeca que dibuja esas palabras :D


Antonio

Manuel dijo...

Bien por mi chica!... Este relato merece un 9... que el 10 es para Dios y el 9,5 para mi!!!.. (eso es lo que dice mi maestro).

Cada dia eres más competa, Pilar. Ya sabes que estoy por aqui.

Un beso.

Otra vez a viajar al olvido... dijo...

"cuando estalle la guerra estaré en trinchera contigo..."

pequeñosaltamontes dijo...

Leer esto te hace pensar sobre la vida...
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